El Puerto de Santa María
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CARTA AL DIRECTOR

'Reflexiones portuenses en negro sobre blanco', carta al director

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Playa de la Murallita El Puerto de Santa Mariu0301a 5



Lo habitual es que en cualquier rincón de El Puerto se hable mal de los políticos y que la crítica sea cruel y sin matices, como quien señala a un clan maldito donde todos son abominables por simple hecho de tener esa condición laboral, particular, o interesada. Ya se sabe: los corruptos… los políticos. Y el alcalde más. Y el parlamentario más. Y el diputado ni te cuento. Es un viejo ritual. Es el mantra de moda, mediante el cual marcamos y condenamos a los culpables de nuestras desgracias e invocamos algún tipo de inocencia falsa e hipócrita. Los políticos -ladrones, soberbios, incompetentes- son el mal que no merecemos. Lo decían las encuestas oficiales antes de que Sánchez las adulterase con Tezanos: los políticos eran el tercer problema para los ciudadanos, después del paro y la situación económica. Y todo este ejercicio de desprecio al político tan inútil como irracional es un gran recurso en etapas de incertidumbre como la que nos toca vivir. Recurso que incluso utilizan políticos que dicen no ser políticos. Tiene gracia cuando además cobran 14 pagas por ello.


Mi observación es que la mala imagen de la clase dirigente tiene varias causas: la cartera más vacía, el miedo a qué pasará, la desconfianza, y la nostalgia de que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. En el caso de El Puerto no están relacionados, porque la ruina política ya pasó por El Puerto en forma de pacto tripartito populista rancio progresista social ingobernable e insolidario. De hecho al PSOE de David de la Encina le sigue pasando factura con pública desconfianza de dirigentes nacionales, provinciales, e incluso de sus compañeros locales. Su lengua viperina y tóxica no alimenta esperanzas de trabajar de verdad alguna vez. Además, la parálisis de El Puerto en aquella etapa donde hizo de alcalde causó innecesariamente estragos, y generó serios y graves problemas a la ciudad. Pero claro, el rechazo socialal tripartito de anarcoizquierda, resultó básicamente porque sus líderes no fueron humildes ni escucharon el lamento social, atrincherándose en un modelo caduco de frentismo contra los demás, guardando sus privilegios, cargos y sueldos a la espera de que escampase. Como si su descrédito fuese fruto de una mala racha y culpa de los demás. Levantemos, podemos, andemos, luchemos, ganemos, y esas confluencias artificiales que contaminaron a socialistas de bien, de los de pura cepa, de los que dan ejemplo, provocando el desconcierto, la desconfianza, y lo más preocupante, la incapacidad del PSOE de El Puerto por configurar una alternativa creíble. Y no aprenden, o más bien, no tienen nadie en quien confiar que mire por la ciudad y la gente. Echan de menos a Corredera, García de Quirós, Consuelo,… portuenses de pro. Y de palabra.


Y claro, les están comiendo la merienda o al menos eso les dicen las encuestas: se les aparece uno de aquellos socios populistas podemitas meapilas, reconvertido, que cambia el disfraz de cura, por el color amarillo y verde, queriendo imitar a Hernán Díaz cuando ni ha dado un palo al agua en su vida. Qué pena cuando iniciativas ciudadanas locales se suman al populismo soberbio de pancarta y siguen dando a la matraca. Rancios. Otra vez volvemos a la exageración del estigma y la incontinencia emocional contra los políticos desde los propios políticos que dicen no serlo.


No hay nada más patético que un político que no ha trabajado en su vida arengando a las masas con lecciones de economía gestión. Es un problema de credibilidad, porque el primer paso es el compromiso real, efectivo y sincero. Y cuando pretenden escenificarlo a modo de aproximación pirotécnica, inventan discursos inalcanzables: no a los parking cuando son necesarios para aparcar, la calita no se cierra, agua gratis, y mucha participación ciudadana con asambleas en la calle, reuniones, espacios mixtos participativos, y rollos de consultoría con chiringuitos perroflautasbde los coleguis. ¡Dios mío, qué pueril comedia!

Creer en cualquier alcalde y su equipo, sea del partido que sea, como digo, es creer en las personas, en su dignidad y su capacidad de convivir en la diversidad. Tener un líder es una consecuencia natural de la política. Muchos políticos están mejor preparados que los de hace treinta años, aunque por desgracia no todos. Lo que ha subido es la exigencia ciudadana y la información sobre el quehacer institucional. Y los resultados. Somos poco crédulos, menos ingenuos y estamos mucho más implicados y este nivel de calidad democrática depura los fraudes como una apisonadora: lo hizo con Levantemos y Podemos, lo hará con transformistas de partidos localistas nacidos de sus restos, y hundirá al PSOE que no sepa mirar por El Puerto antes que por los sillones. Algo a lo que se prestan también comunistas habida cuenta el sueldazo que les acaban de poner en Diputación a otro amiguete gracias a Kichi.


Los portuenses maduraron hace tiempo. Solamente creerán en los políticos que abandonan la comodidad, se vuelcan en la calle no para pasearse, se arriesgan por las personas, son intrépidos, auténticos, emocionales y se apasionan por la libertad frente a la tiranía frentista que busca dividir en vez de sumar. En definitiva, en quienes luchan por la prosperidad de El Puerto y sus vecinos.

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